El templo eterno

El templo eterno

En Japón, en la ciudad de Ise, se encuentra el templo sintoísta más antiguo e importante de Japón, el santuario de Ise, dedicado a Amaterusa, diosa creadora de Japón y ascendiente directa del emperador japonés.  Hay que aclarar que después de la segunda guerra mundial el emperador Hirohito se vio obligado a firmar la “Declaración de humanidad” y pasó a ser un hombre normal y corriente.  Para algunos japoneses certificar en un papel si eres o no un dios no vale para nada, así que todavía hay personas que consideran que el actual emperador es un dios en la tierra. Sea un hombre o un dios, Akihito es el único que, junto con una serie de monjes escogidos, puede traspasar las puertas del Santuario de Ise.

El templo de Ise no tiene nada que ver con nuestras catedrales. Esta hecho con piezas de madera que se van ensamblando con cuerdas sin necesidad de utilizar clavos o mampostería.  La edificación original es posible que se remonte a tres siglos antes de nuestra era. Se preguntará el lector, al ver la fotografía, cómo es posible que un edificio de madera se haya conservado como nuevo durante más de veinte siglos. La respuesta es que el templo de Ise siempre es nuevo. Cada veinte años se destruye y se vuelve a construir  en un terreno cercano. La última renovación se realizó en 1993, quedan dos años para que se inicien de nuevo las obras.

La reconstrucción del templo de Ise forma parte de un complejo rito sintoísta. Los expertos no se ponen de acuerdo acerca de por qué se comenzó a hacer este ritual. Walter Gropius opinaba que se debía a una necesidad de mantener un estado de perfección constante en el edificio debido a su carácter sagrado. Hay una teoría que afirma que la destrucción del templo cada veinte años se debe a la necesidad de transmitir el conocimiento técnico. Estaríamos hablando de  un fenómeno parecido al de la francmasonería, cuyo origen quizá fue conservar y trasmitir el conocimiento de la construcción de las catedrales y castillos.

Explicaciones  hay muchas, pero lo interesante del asunto es pararse a pensar qué es el Santuario de Ise. ¿Qué identidad tiene si cada veinte años cambia de materia y de lugar?  ¿Será el templo de 2013 el mismo que el de 1993?  Aunque sin ritos sintoístas por medio, tal vez deberíamos pensar lo mismo de la catedral de León, pues no queda ni una sola piedra del original. Dejo al lector con esta reflexión.

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